- Te compro lo que estás pensando por 100 pesetas.
Y por 100 pesetas compraste mucho más. Hoy todavía sigo esperando que me devuelvas toda la vida que me robaste. Aquella tarde de jueves de camino a la facultad fui tan ingenuo. Pero me enseñaste una cosa, y sin quererlo me hiciste un favor. Ahora vivo debajo de mi caparazón y cada vez que alguien intenta comprar lo que estoy pensando le respondo que no está en venta, pero de vez en cuando lo regalo, y así me luce el pelo.
Querido, me gustaría decirte que no te guardo rencor, pero todo lo malo que soy y que he sido lleva tu sello, ahora otras personas cargan con toda la mierda que me has echado encima. Y eso, querido, no es justo. Sé que nunca leerás estas líneas, y si alguna vez, por las casualidades de la vida, puedes llegar a entender algo, espero que te ayude a ser mejor persona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario