sábado, 18 de junio de 2011

Olores.

Es cierto que discutíamos, que no podíamos seguir así. Que de repente te olía el aliento cuando en cinco años nunca me di cuenta. Y que ya no te quería porque necesitaba estar solo. De repente todo olía mal, tus camisas, tu aliento, tú y yo.

Así que con las mismas hiciste las maletas y te fuiste. Porque esta casa siempre fue mía, y tú siempre te encargaste de recordármelo, haciéndola más mía aún.

Sin acritud.

Antes de quedarnos solos, yo más que tú, nos fuimos a París. Y convertimos la ciudad del amor en un pozo de mierda que también olía mal.

Así que cada uno hizo su vida como pudo. Tú te fuiste y conociste otro francés que te hace feliz. Yo me quedé, y como siempre, el que se queda sufre más, ya sabes. No soporto el francés, no me gusta París, y me especializo en destrozar mitos de ciudades europeas.

Hoy, me como estas paredes verdes y algo sigue oliendo mal, pero ahora me doy cuenta de que no eras tú.

sábado, 15 de enero de 2011

3. Razón de ser (y II)

- Te compro lo que estás pensando por 100 pesetas.

Y por 100 pesetas compraste mucho más. Hoy todavía sigo esperando que me devuelvas toda la vida que me robaste. Aquella tarde de jueves de camino a la facultad fui tan ingenuo. Pero me enseñaste una cosa, y sin quererlo me hiciste un favor. Ahora vivo debajo de mi caparazón y cada vez que alguien intenta comprar lo que estoy pensando le respondo que no está en venta, pero de vez en cuando lo regalo, y así me luce el pelo.

Querido, me gustaría decirte que no te guardo rencor, pero todo lo malo que soy y que he sido lleva tu sello, ahora otras personas cargan con toda la mierda que me has echado encima. Y eso, querido, no es justo. Sé que nunca leerás estas líneas, y si alguna vez, por las casualidades de la vida, puedes llegar a entender algo, espero que te ayude a ser mejor persona.