Es cierto que discutíamos, que no podíamos seguir así. Que de repente te olía el aliento cuando en cinco años nunca me di cuenta. Y que ya no te quería porque necesitaba estar solo. De repente todo olía mal, tus camisas, tu aliento, tú y yo.
Así que con las mismas hiciste las maletas y te fuiste. Porque esta casa siempre fue mía, y tú siempre te encargaste de recordármelo, haciéndola más mía aún.
Sin acritud.
Antes de quedarnos solos, yo más que tú, nos fuimos a París. Y convertimos la ciudad del amor en un pozo de mierda que también olía mal.
Así que cada uno hizo su vida como pudo. Tú te fuiste y conociste otro francés que te hace feliz. Yo me quedé, y como siempre, el que se queda sufre más, ya sabes. No soporto el francés, no me gusta París, y me especializo en destrozar mitos de ciudades europeas.
Hoy, me como estas paredes verdes y algo sigue oliendo mal, pero ahora me doy cuenta de que no eras tú.
sábado, 18 de junio de 2011
sábado, 15 de enero de 2011
3. Razón de ser (y II)
- Te compro lo que estás pensando por 100 pesetas.
Y por 100 pesetas compraste mucho más. Hoy todavía sigo esperando que me devuelvas toda la vida que me robaste. Aquella tarde de jueves de camino a la facultad fui tan ingenuo. Pero me enseñaste una cosa, y sin quererlo me hiciste un favor. Ahora vivo debajo de mi caparazón y cada vez que alguien intenta comprar lo que estoy pensando le respondo que no está en venta, pero de vez en cuando lo regalo, y así me luce el pelo.
Querido, me gustaría decirte que no te guardo rencor, pero todo lo malo que soy y que he sido lleva tu sello, ahora otras personas cargan con toda la mierda que me has echado encima. Y eso, querido, no es justo. Sé que nunca leerás estas líneas, y si alguna vez, por las casualidades de la vida, puedes llegar a entender algo, espero que te ayude a ser mejor persona.
Y por 100 pesetas compraste mucho más. Hoy todavía sigo esperando que me devuelvas toda la vida que me robaste. Aquella tarde de jueves de camino a la facultad fui tan ingenuo. Pero me enseñaste una cosa, y sin quererlo me hiciste un favor. Ahora vivo debajo de mi caparazón y cada vez que alguien intenta comprar lo que estoy pensando le respondo que no está en venta, pero de vez en cuando lo regalo, y así me luce el pelo.
Querido, me gustaría decirte que no te guardo rencor, pero todo lo malo que soy y que he sido lleva tu sello, ahora otras personas cargan con toda la mierda que me has echado encima. Y eso, querido, no es justo. Sé que nunca leerás estas líneas, y si alguna vez, por las casualidades de la vida, puedes llegar a entender algo, espero que te ayude a ser mejor persona.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)